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cuentos sin frontera

“El cada vez mayor número de niños migrantes en los colegios chilenos hace urgente instalar en ellos temas como la aceptación y el respeto. Los libros son un primer paso para reflexionar y acercar situaciones que parecen distantes”.

 

Eloísa llegó a su nueva ciudad siendo una niña. Mientras su papá buscaba trabajo, ella pasaba el rato sintiéndose como un bicho raro: como en el colegio pocos le hablaban, las tareas se le hacían difíciles y los recreos, eternos. De vuelta a casa, era común que con su papá terminaran deambulando por no recordar cuál era el camino.

“Algunas veces nos perdimos en la ciudad, pero así aprendimos a conocerla. Con el tiempo ya me sabía el camino a la escuela y no me importaba tanto que papá me dejara, porque los días pasaban más rápido. Poco a poco nos hicimos un lugar, pero nunca olvidamos lo que había quedado atrás” explica la protagonista de “Eloísa y los bichos”, un libro para niños escrito por el peruano Rafael Yockteng y el colombiano Jairo Buitrago.

El texto es, además, uno de los que Brenda Bellorín recomienda para abordar el tema de la migración con niños en edad escolar, un tópico en el que se ha especializado y que esta semana la tuvo en Santiago como expositora del seminario ¿Qué leer? ¿Cómo leer? – Lectura e Inclusión, que organizaron el Ministerio de Educación y la Universidad Católica.

Como investigadora, crítica de literatura infantil y doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura, la venezolana participó hace unos años en el proyecto Visual Journeys Through Wordless Narratives (Travesías visuales con álbumes sin texto) que realizaron las universidades de Glasgow, Autónoma de Barcelona, Texas y Católica Australiana.

El estudio “se articuló en torno a la idea de que la lectura de obras literarias multimodales (es decir, contadas a través de los textos, imágenes y del formato y diseño) podían ser una excelente vía para la integración del alumnado recién llegado, considerando que la literatura -con sus formas discursivas, reglas y multiplicidad de imágenes- es un buen marco para el aprendizaje de la lengua, que además facilita la adquisición de representaciones sociales y culturales, así como el proceso de simbolización”, plantea.

La investigación mostró que el libro álbum (que entremezcla textos breves con contenido ilustrado destacado) es “idóneo para la lectura compartida, para construir y negociar significados en grupo; algo que es fundamental para abordar temas complejos como la inmigración”, indica Bellorín. “El lenguaje visual sirve como puente no solo para acompañar en el tránsito de una lengua a otra, sino también de una perspectiva cultural a otra”.

En ese sentido, las actividades que introducen el tópico de la migración se pueden realizar tanto en la casa como en el colegio. Una de las propuestas de la especialista es que los niños saquen libros en la escuela y que a partir de ellos reflexionen “sobre sus orígenes e historias de viaje. Pueden fotografiar su entorno y a sus familiares”.

Compartir y comentar

En cuanto al colegio, Brenda Bellorín cree que “el entorno escolar es un espacio fértil para distintos tipos de conflictos vinculados con las diferencias individuales. Desde las alergias hasta el origen étnico o social pueden hacer que niños y adolescentes se conviertan en blanco de prejuicios y agresiones. Tal vez no todos los profesores estén formados para tratar este tipo de situaciones, pero de seguro todos las ven y las viven a lo largo de su práctica docente”. A aquellos profesores sin capacitación, les recomienda comenzar a explorar.

“Es necesario que el maestro lea libros para niños, que conozca diversas obras que aborden el tema desde sus múltiples variantes” (ver recuadro con sugerencias).

En Chile, los datos muestran que en 2016 el número de escolares migrantes superó los 61 mil, equivalente al 1,7% de la matrícula. Si se comparan las cifras del año 2013 con las de hoy, el total de alumnos eximidos del Simce por no hablar español aumentó en 766%.

Para comenzar a integrarlos, para Bellorín es indudable que la lectura para un niño extranjero debe ser la misma que la que se le entrega a un niño del país que lo recibe. “Si la idea es que haya aceptación y respeto, lo más sensato es que puedan compartir lecturas y comentar sus puntos de vista. Ese es un buen ejercicio para propiciar la comprensión del otro”.

Sobre si los libros también pueden ayudar a los adultos a entender mejor a quienes sienten diferentes -como aquellos que esta semana hicieron noticia por participar en manifestaciones racistas en Estados Unidos-, la especialista indica que “en temas tan sensibles como ese, la literatura, que apela justamente a la sensibilidad, tiene un gran potencial, pero por sí misma no resuelve conflictos ni genera profundas transformaciones. El racismo, como todos los fanatismos, es una patología social compleja y acendrada, por lo que se requiere de una mediación muy hábil para que pueda producir un contundente llamado a la conciencia a partir de una obra literaria. No resuelve del todo, pero puede ser un recurso válido dentro de una propuesta más amplia”.

 

Fuente: El Mercurio

Disponible en: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=390131